Cómo no arruinar una conversación difícil

Todavía le daba vueltas en la cabeza esa extraña reunión que buscaba adeptos para una denuncia pública a quienes viven diciendo SI, es decir prometiendo cosas, sabiendo de entrada que no las van a cumplir, por su incapacidad para decir NO o porque simplemente no se hacen hecho cargo de las consecuencias e impacto que esto causa en el otro… en fin…

Y mientras pensaba en ello ya había llegado al edificio de destino ese día. Alargó su brazo y con su mano oprimió el botón para llamar al ascensor. Llega. Las s puertas se abren y Coralina Achioque busca el número 5, el piso en el cual está la oficina de Ricardo, uno de sus coachees quién le solicitó adelantar la sesión que tenían el jueves de esa semana– era martes- porque requería de su apoyo pronto. Toca la puerta.

Ricardo no tarda en abrirla, la saluda muy amablemente, le invita a pasar y una vez dentro ella se dirige al lugar de la oficina donde siempre realizan las sesiones. En ese espacio está el escritorio de trabajo con dos sillas para atender reuniones, y a la derecha había una pequeña salita con un sillón de dos puestos y al lado dos sillas de cuero, muy simples pero confortables que él ya sabía debía colocar frente a frente para cada sesión. A Coralina no le parecía bien que hubiera un escritorio de por medio, pues eso le impedía ver la corporalidad del coachee en cada sesión. Bien sabía ella que el cuerpo habla mucho más que las palabras. Y allí estaban, listas.

Luego de cruzar como siempre alguna conversación corta para saber como estaba, como le había ido, etc, decidió arrancar.

―Ricardo, qué quieres trabajar hoy

―Te pedí que adelantáramos la sesión que teníamos para el jueves, y te agradezco que aceptaras, porque esta tarde tengo una reunión muy difícil con mi socio y no sé cómo afrontarla, no quiero que terminemos peleando, pero ya hay cosas que no se pueden dejar pasar, esto me tiene muy estresado, es que ni siquiera está cumpliendo con temas muy delicados y si bien llevamos varios años juntos y nunca habíamos tenido problemas, ya desde hace unos cuatro meses ha cambiado y yo no había querido hablar con el pero ya no sé qué hacer… de verdad que mi nivel de estrés con todo esto es muy alto…

Coralina escuchaba varias cosas, así que empezó por ayudarle a definir qué es lo que quería hacer con esa conversación

―Y de todo esto que me cuentas qué es lo que quieres trabajar en esta sesión

Ricardo lo pensó un momento y respondió

―No se… supongo que quiero estar más seguro de cómo hacer esa reunión, que debo decirle, no se, que todo salga bien

―Y para qué te serviría eso

―Para que no haya discusión pero si arreglemos lo que no está funcionando.

―Al finalizar nuestra sesión que debería haber pasado que te permita sentir que lograste tu objetivo

Se sonrió

―Siempre me haces la misma pregunta ―ahora es ella quien le sonríe, sabe lo importante que es para una sesión que tanto ella como el coachee sepan hacia donde dirigirse ― y bueno, pues sentirme más tranquilo y con ideas más claras para afrontar esa reunión

Coralina siempre lo mira de frente, analiza sin que él se percate cada gesto de su cara, cada movimiento de su cuerpo, porque son pistas que le van dando para hacer cada pregunta.

―Me dijiste al comienzo que esta situación te hacía sentir estresado. ¿Cómo es eso de sentirte estresado?

―Vivo preocupado porque no me va a entregar lo que corresponde, estresado, no estoy durmiendo bien y eso está afectando mi salud…

Ricardo comienza a entrelazar sus manos con fuerza al punto que toman una tonalidad rojiza, que se nota mucho pues él es de tez clara, y Coralina no desaprovecha esta pista

―¿Qué estás haciendo con tus manos?

―Pues nada… ― responde con sorpresa, pero baja la mirada y se queda en silencio observando sus manos entrelazadas con fuerza ― o si… acabo de darme cuenta que estoy descargando todo en mis manos, mira como se me pusieron ― y se la muestra a su coach―

―Están rojas ― es todo lo que dice Coralina,  calla y le mira…

―¿Cierto que si?, ¿Qué significa?

Ella le sonríe…

―¿Qué crees tu que significa? Son tus manos

 ―Así se me ponen las manos cada vez que me enojo. Es más, creo que siempre que me siento así hago esto que acabo de hacer.

―Entonces cuál es la emoción que está presente en esta situación

―Enojo Coralina, mucho enojo ―la mira un momento, luego baja la mirada y continúa viendo sus manos― ¿y sabes qué? Creo que hasta este momento no lo había aceptado. No estoy estresado ¡estoy enojado con Carlos!, no es justo que esté haciendo lo que hace y que yo deba ponerle la cara a todo el mundo.

Y comienza a hablar de los incumplimientos, de sus afectaciones y de que no quiere vivir más con este enojo y por eso la reunión de esa tarde se torna aún más importante, pero a partir de otras preguntas de la coach se concientiza que si bien el enojo le va a permitir parar esta situación y le dio el valor para citar a su socio a esa reunión, no es desde esa emoción que va a lograr tener una conversación efectiva

―¿En qué emoción entonces necesitas estar esta tarde?

Lo piensa y dice

―Tranquilo, necesito estar tranquilo  ―ella mira sus manos y efectivamente están distendidas, entrelazadas pero sin presión, y en esta ocasión el nota que le está observando sus manos y baja su mirada y sonríe ― y así deben estar mis manos, porque de lo contrario no voy a poder escuchar lo que Carlos deba decirme y tomar decisiones calmado.

―Por lo que te escucho, tus manos van a ser tus aliadas en esta reunión

Ahora Ricardo ríe

―¡Si! Eso parece

A partir de allí la sesión fluye mucho… ella le apoya explorando posibilidades de abordaje a Carlos, ¿Qué pedido concreto le va a hacer a su socio? ¿Qué compromisos serían para él negociables y cuáles no? ¿Cómo va a asegurarse de escuchar plenamente al otro y no anticiparse a respuestas?

―Ricardo, hemos llegado al final de esta sesión. Cuando iniciamos me dijiste que querías trabajar el sentirte más seguro de cómo hacer esa reunión que tienes esta tarde y que sabrías que habrías avanzado si lograbas sentirte más tranquilo y con ideas más claras para afrontarla. ¿Crees que lo conseguiste?

―¡Claro que sí! Y lo más importante es haber identificado mi enojo para poder darme cuenta si aparece, porque si no hubiera salido sin darme cuenta en la reunión y no es bueno. Gracias!

Coralina Achioque retoma su camino de regreso pensando en la importancia que tiene identificar primero la emoción que nos domina en cualquier situación, porque si no lo hacemos vamos a actuar sin una conciencia clara de lo que nos está avisando. “Amo lo que hago”… sonríe, se abre el ascensor y la persona que está adentro cree que le sonríe a ella, asi que le devuelve el gesto… oprime el piso 1 y las puertas se cierran…

 

NOTA DE LA COACH

El enojo, como en el caso de Ricardo, le estaba avisando hacía tiempo que necesitaba hacerse cargo de su rol como socio para citar a esa reunión y no seguirle dando largas por miedo a un conflicto – debajo de los enojos normalmente subyacen miedos- , entonces ese enojo , que el había llamado hasta el momento “estress” le llevo hasta este punto, pero no le iba a servir en la reunión, necesitaba buscar otra emoción y así lo hizo. Y solo desde allí pudo, con el apoyo de su coach diseñar esa conversación para asumirla bien preparado y en apertura a lo que allí pudiera suceder.

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